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Bergmann, un intelectual clave en la sociedad colombiana de los cincuenta

Bergmann, un intelectual clave en la sociedad colombiana de los cincuenta

 

– Antonio María Bergmann es quizás uno de los intelectuales europeos menos conocidos entre los que migraron al país en la primera mitad del siglo XX. Gracias al Archivo Central e Histórico U.N., un investigador de la U. Javeriana redescubrió la vida y obra del alemán, quien fue profesor de la U.N.

 

Bogotá D.C., 12 de marzo de 2019 (Secretaría General – Oficina Nacional de Gestión y Patrimonio Documental).

Discípulo de Martin Heidegger –uno de los filósofos más influyentes del siglo XX– y formado en uno de los ambientes intelectuales más prestigiosos del mundo –el de Alemania–, Antonio María Bergmann (1896-1977) se constituye en una figura clave para entender el avance cultural que tuvo la sociedad colombiana hacia mediados del siglo pasado. Llegó en 1938, en una época marcada por un nuevo pensamiento crítico que se enfrentaba a la recia tradición rural y a la rancia influencia católica en los asuntos del Estado y las relaciones humanas.

La persona que redescubrió el legado del colombo-alemán fue Fernando Nieto Solórzano, magíster en Historia de la Universidad Javeriana, quien tuvo como fuente de información primordial el Fondo documental Antonio María Bergmann Terwindt, que reposa en el Archivo Central e Histórico de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, el cual no había sido explorado desde el ámbito académico.

Este se compone de cientos de documentos y objetos (correspondencia con intelectuales, artículos académicos, fotografías, condecoraciones y dibujos a mano alzada), donados a la Institución por Pedro Bergmann –hijo del inmigrante–, en los cuales no solo se revela el pensamiento y la vida de Bergmann, nacido en la Renania, sino también el ambiente intelectual que vivía Colombia en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta.

Nieto Solórzano llegó a la vida de Bergmann mientras buscaba información para su tesis de maestría que, en principio, se centraría en establecer cómo se había desarrollado la inmigración en Colombia en el siglo XX. Mientras indagaba, encontró en la Biblioteca Luis Ángel Arango un documento titulado “Organización de la inmigración en Colombia”, publicado en 1954 por el Instituto de Colonización e Inmigración, una entidad que duró poco tiempo durante la dictadura de Rojas Pinilla. Allí el alemán propuso una metodología oficial para atraer a un determinado tipo de inmigrante europeo, cuyo perfil está consignado en el documento en cuestión, metodología que contempla las condiciones que eventualmente propiciarían su arribo y arraigo al país.

Al investigador de la Javeriana le llamó la atención que un historiador del arte y filósofo formado en la República de Weimar en los años veinte, periodo de brillo intelectual, cultural y artístico antes del acenso del nacismo, escribiera sobre la inmigración en Colombia, una nación que nunca ha tenido movimientos migratorios significativos. Halló, entonces, que uno de los motivos fue su matrimonio en 1930 con la colombiana María Josefa Cortés Zapata, con quien se radicó en Bogotá en 1938, justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

El redescubrimiento

Cuando Nieto Solórzano supo que la Universidad Nacional de Colombia guardaba el legado documental de Bergmann, de inmediato se sumergió en este y descubrió a un personaje que desde su arribo al país incursionó en varios campos de la vida intelectual, cultural y artística local. Por ejemplo, se involucró en la crítica de arte justo cuando aterrizaba en la escena nacional el arte moderno, de mano de figuras jóvenes como Fernando Botero, Rodrigo Obregón, Enrique Grau o Édgar Negret.

“Si bien, él no exploró esa faceta con el énfasis de otros inmigrantes como Casimiro Eiger o Ernesto Volkening, quienes eran más metódicos y publicaron mucho más sobre crítica del arte, si fue un referente sobre el tema, lo que le permitió dar clases en las universidades Nacional, por más de 20 años, y Javeriana”, explica Nieto Solórzano.

Bergmann también contribuyó a darle forma a la filosofía moderna en el país, un campo que para entonces apenas se abría a nuevas influencias, en un contexto bastante conservador. De hecho, fue cofundador de la primera Sociedad Colombiana de Filosofía en 1957, que duró poco por la precariedad del ambiente filosófico del momento, pero que se volvió a formalizar veinte años después, con otro grupo de filósofos que reconocieron a esos primeros gestores.

Es de destacar, dice Nieto Solórzano, el papel que tuvo Bergmann en la apertura de la primera Librería Buchholz en Bogotá, la cual ya tenía sedes en Europa y una en Buenos Aires, y que se convirtió en punto neurálgico de la vida intelectual capitalina. “Cabe resaltar que la residencia de Bergmann, en el barrio Chapinero, también fue un centro de tertulia muy importante para pensadores y artistas, sobre todos europeos, que se daban cita junto a eruditos colombianos de la época, muchos de ellos dinamizadores de la atmósfera cultural del país”.

Para Fernando Nieto Solórzano la tarea que cumple el Archivo Central e Histórico U.N. es esencial para que el país conserve su memoria en diversos ámbitos; en este caso, el del papel que cumplieron muchos inmigrantes en la modernización del pensamiento de la sociedad colombiana. “Estos documentos son vitales para analizar qué tipo de sociedad hemos construido y hacia dónde vamos. Custodiarlos y estudiarlos son labores invaluables”.

El Fondo documental Antonio María Bergmann sigue siendo una mina de información para los que quieran ahondar en temas como la crítica de arte, asegura el magíster, quien explica que su investigación se materializó en la escritura de una biografía titulada “Antonio María Bergmann (1896-1977), las huellas del inmigrante, la voz del intelectual. Visión de una vida y una obra”, la cual es posible consultar en internet. Este trabajo se constituye en el punto de partida para seguir reconstruyendo la vida y legado del personaje.

 

(12/03/2019/Carlos Andrey Patiño G.)